Wednesday, June 14, 2006

Kakándidato

Apagados los demás, sólo Kaká se encendió y Brasil se quedó con la victoria mostrando la chapa, pero nada del jogo bonito.

Fuente:

Alejandro Serpa

También a los campeones les puede doler el debut en un Mundial. Sobre todo si el nivel del oponente es el mayor que haya tenido que enfrentar hasta el momento alguno de los candidatos a llevarse el trofeo. Brasil lo pasó con lo justo. Sufrió. No jugó bien. Se vio invadido por Croacia, que le disputó palmo a palmo el protagonismo y la posesión del balón (50% exacto para cada uno, según los datos de la FIFA) con algunas precauciones pero sin complejo de inferioridad. Y sacó la ventaja en eso que lo hace diferente: la categoría de sus jugadores. En esta oportunidad, de Kaká.

A contramano de todas las suposiciones, Brasil no mostró especiales flaquezas en la defensa. Tuvo algún problema por el lado de Cafú, sí, cuando Croacia buscaba aprovechar la velocidad de sus hombres por ese sector. Pero lo que más le faltó al equipo fue juego, chispa, profundidad. Sí, a pesar del cuadrado mágico. Es que en realidad, fue apenas un triángulo y cuando entró Robinho. Lo de Ronaldo y Adriano fue flojo, muy flojo. Y entonces, por más que Ronaldinho y Kaká les alcanzaran la pelota, la jugada se abortaba en segundos. Lento, sin reacción ni movilidad, Ronaldo fue fácil referencia para Robert Kovac y su muro de Berlín. Adriano intentó bajar y sumarse al circuito de juego, pero no pudo ganar por potencia y velocidad llegando desde atrás (difícil ganarles en esos rubros a los volantes y defensores croatas).

A los grandotes del fondo les dolió mucho más lo que hizo un Robinho mucho más ágil, blanco móvil, liviano para ir a los costados, hábil para llegar con pelota dominada, delantero capaz de poner una bola preciosa para Adriano como no puso ni una el fenómeno gaúcho en todo el partido. No puede decirse que a Ronaldinho le haya pesado el compromiso, pero sin dudas no fue el hombre decisivo que todos esperaban y gastó la mayor parte de su pólvora en fuegos artificiales, pirotecnia visual efectista pero no efectiva. Fue importante que se hiciera cargo de la responsabilidad que todos pusieron sobre sus espaldas antes del Mundial y que jamás se escondiera. Que bajara a tener contacto con la pelota para ir limpiando camino con la gambeta, aunque sólo tuvo una jugada trascendente en el partido, y fue un frentazo que tapó bien el arquero croata. La jugada la había diagramado, con visión de ajedrecista, Kaká, el verdadero estratega del equipo, el que más talento tiene para conducir al campeón.

Pese a ser una figura mundial, Kaká no tiene el marketing de Ronaldinho. Se maneja con un perfil mucho más bajo y no necesita mirar para un lado y hacer el pase hacia el otro para mostrar que es un crack, un fuera de serie. Lo es porque a un minuto del final del primer tiempo, y siendo derecho, mete un zurdazo hermoso y le alivia a Brasil la tensión que iba a tener ese vestuario si llegaban cero a cero y con esa sensación de que el tema estaba para cualquiera de los dos.

Croacia pudo haberlo empatado con el empuje de Babic, la presencia de Prso y las gotas de talento de Kranjcar, el hijo del entrenador. El perdedor dejó la imagen de un equipo mejor trabajado e inteligente para echar sal donde sabía que su adversario podía estar en carne viva (las espaldas de los laterales). Se lo notó firme y decidido, aunque, claro, no tiene las estrellas que había del otro lado.

No fue martes 13 para Brasil. O tenía razón Zagallo con que San Antonio (ayer se celebró su día) no lo iba a abandonar en el tan esperado estreno mundialista. Kaká se llama Ricardo, no Antonio, y tampoco lo abandonó. Le hizo ganar la primera de las siete finales. Quedan seis para el Hexa.

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